Glaciar de Infierno, un gigante helado de miles de años:
Por fin la prometida excursión al glaciar de Infierno, un vestigio de nuestro pasado glaciar, un lugar inolvidable e imponente.
Entramos en una nueva zona el Balneario de Panticosa, un lugar único que últimamente esta sufriendo graves remodelaciones que cambiaran su sabor decimonónico, por no quiero saber que nueva faz. Pues bien, desde este balneario descubierto en épocas romanas brotan aguas hasta a 40 grados de sus tierras y es quizá su entorno uno de los más vírgenes del Pirineo Aragonés y de más belleza.
El Balneario es el cogollo de varios de los tresmiles del Pirineo más conocidos. Desde aquí se sube hacia el Garmonegro, las Argualas, la gran Facha, los Arnales o los picos del Infierno, un triplete de picos ferruginosos unidos por una estrecha marmolera que a sus pies tiene un glaciar hacia el que hoy nos dirigimos después de haber abandonado nuestra aventura en los ibones de Arriel.
¿Qué es un glaciar? Acumulación centenaria de nieves perpetuas convertidas en hilelo que dan un toque ancestral a las montañas que los protegen.
El glaciar de los picos del Infierno es el segundo más occidental de Europa. No es muy extenso pero alcanza incluso quince metros de grosor de hielo. Condenado a una lenta pero marcada muerte, las morrenas del glaciar nos muestran hasta donde alcanzaron los hielos perpetuos en un pasado aún no muy alejado.
¿Cómo accedemos al glaciar?
Para llegar hasta este anciano gélido accederemos desde el fondo del balneario, donde arranca una senda estrecha y empinada desde el principio, pero de una gran belleza, puedo asegurar que se disfruta del espectáculo natural que se divisa. Se remonta al lado del río Caldarés hacía la temida cuesta del fraile, que como bien dice es una cuesta para sacrificio del montañero que va con su mochilón, y también para el que no lo lleva.
Después del desnivel alcanzaremos los ibones de Bachimania que son el arranque de muchas excursiones, en efecto, he dicho comienzo y es que lo anterior es sólo un entrenamiento para alcanzar las más altas cimas del macizo. Superada la altura del ibón superior de Bachimania, en una pradera se bifurcan los caminos. Hacia la derecha iremos hacia los ibones de Bramatuero, los del Pecico y la Gran Facha y Punta Pecho. Y hacia la izquierda iremos hacia los ibones azules, así conocidos por el azul lapislazuli de sus aguas y hacia los picos del Infierno y su glaciar. Tomado este camino, un zigzag nos dirigirá primero hacia el ibón inferior y seguidamente al superior. En este tramo no es raro ver gencianas, acónito napellus y sarrios, pequeños corzos que campan a sus anchas por sus dominios rocosos.
Llegados al ibón azul superior, tomaremos una ruta hacia el collado de los Infiernos, teniendo cuidado de desviarnos de la ruta en el momento en que nos encontremos en la latitud del torrente que mana de la fusión del los hielos eternos y es que tampoco ellos son eternos.
Alcanzada labase del glaciar, debemos ser muy respetuosos, es un espacio protegido y en principio no está permitido pisar los hielos. No obstante si decidimos hacerlo habrá que hacer uso de los crampones.
¿Qué hay que ver en un glaciar?
En un glaciar, lo más destacado son las grietas en el hielo que nos dejan ver lo profundos que son los hielos, pero debemos ser muy cautos al acercarnos para no caer en ellas y es que una caida en una grieta o en un glaciar podría ser fatal.
La rimaya: grieta que se forma entre la pared rocosa y el glaciar.
Los torrentes supraglaciares: cursos de agua sinuosos que transcurren sobre los hielos abriéndose paso.
Los depósitos de rocas: debidos al mayor aporte de rocas que de hielo al glaciar.
Las marcas: hechas con pinturas, donde los científicos dejan constancia de cómo el glaciar se va medrando año tras año.
¿Lo más espeluznante?
Verte insignificante en una masa de hielo muy superior a ti en tamaño y el crujir del glaciar al abrir nuevas grietas que hace temblar todo el hielo que pisas. Por esto te recomiendo que si no tienes mucha experiencia con los crampones y el hielo, te quedes a observarlo desde los límites; te aseguro que solo por estar en los límites sentirás que ha merecido la pena. Pisar en un glaciar, no es como pisar en las excursiones que hacíamos en invierno, como la de Gralleras o la de Peyreget, es mucho más peligroso y tenso.
Bueno, pues esto ha sido todo por hoy, un abrazo y hasta la semana que viene.
